Zufre, una historia de muerte y supervivencia

16 Feb 2020

Cadena Ser/Conchi Cejudo

16 mujeres y 5 hombres fueron asesinados en 1937 en este pueblo de Huelva pero, aquel 4 de noviembre, iban a ser asesinadas muchas más personas

 

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4 de noviembre de 1937. Es un día nublado y los vecinos de Zufre saben que sucede algo extraño. Desde primera hora, efectivos de la guardia civil, militares y falangistas ocupan las calles. Han rodeado las escuelas y hay camiones en la puerta. Donde antes iban al colegio los niños y las niñas del pueblo, llevan meses detenidos decenas de hombres y mujeres que la nueva corporación fascista ha decidido castigar. Son las mujeres, los hijos, las madres de quienes llevan meses escondidos en la sierra de Huelva. Huyeron del pueblo antes de que fuera ocupado y no han conseguido arrestarles, pero sus familias se quedaron.

Cada mañana, los más pequeños de cada casa llevan el desayuno a sus padres y a sus madres a la prisión, pero esta vez, no les dejan pasar. Alguien les dice que van a ser trasladados a Aracena para declarar. Sin embargo, momentos antes de que aquellos vecinos se alejen subidos en camiones, atados de dos en dos con alambres en las manos, se viven escenas de despedida. Lo que sucede a partir de entonces es una historia de muerte y supervivencia, pero también de largos silencios.

 Muchas mujeres fueron rapadas y paseadas por las calles, mientras otros vecinos fueron detenidos y sometidos a largos interrogatorios

 

 Ese silencio se percibe nada más llegar a Zufre. “Yo no sé nada. No preguntes. Aquel fue un día criminal. Eso fue hace demasiado tiempo…” Dos cosas son ciertas, preguntamos por algo que sucedió hace 83 años y, aquel día, hace que resurjan recuerdos traumáticos de la historia reciente de este pueblo de Andalucía occidental. Lo percibimos en que, las puertas de las casas del pueblo se cierran a nuestro paso, y también en la mirada de las personas más mayores del pueblo con las que conseguimos hablar. Cuando no brota el llanto al preguntarles por aquel día, trasluce en sus ojos una mezcla de tristeza y dolor.

Vecinos represaliados de Zufre (Huelva)

Vecinos represaliados de Zufre (Huelva) / Cadena SER

Los relatos que recogemos nos ayudan a comprender. Hablan de cómo el pueblo fue ocupado de forma violenta, de cómo muchas mujeres fueron rapadas y paseadas por las calles después de darles aceite de ricino, de cómo muchos vecinos fueron detenidos y sometidos a largos interrogatorios que terminaron en procesos sumarísimos disfrazados de justicia que desembocaron, a su vez, en años de prisión o condenas cumplidas en campos de trabajo forzoso y, en muchos de los testimonios que recogemos, el desenlace es la muerte, el asesinato en algún camino o en las tapias de un cementerio. Uno de esos finales coincide con aquel 4 de noviembre. Aquel día fueron asesinadas 16 mujeres y 5 hombres en Higuera de la Sierra, un pueblo a solo 12 km de distancia. Lo sorprendente es descubrir que, ese mismo día, iban a morir muchas más personas, y alguien, se interpuso en el camino de los verdugos.

Esta es la historia que les contamos en este episodio de Vidas Enterradas, una historia en la que alguien decidió que, en medio de la muerte y la barbarie, se impondría la vida. 47 personas pudieron regresar a sus casas y volver a abrazar a quienes aquella mañana se despidieron de ellos pensando que nunca más volverían a verles. Raquel Almodóvar es la antropóloga que nos permite completar esta historia a través de su investigación en el libro: '4 de noviembre. Una historia (des)narrada de la Guerra Civil en Zufre'.

 

Hacia un 8M con memoria. 1. La Semilla

Público/Verdad, Justicia y Reparación

https://blogs.publico.es/verdad-justicia-reparacion/2020/02/15/hacia-un-8m-con-memoria-1-la-semilla/

Por Clara Guriérrez Vega, miembro de La Comuna.

La memoria es una ola en la inmensidad del océano. Al principio, es solo un leve rugido, apenas audible. Nace lejos y a veces tarda en llegar, pero, en su avance, va creciendo, transformándose, y termina por alcanzar a quienes se atreven a cuadrarse ante el océano, interrogándolo. El leve rugido ya no es leve, ahora es espuma que atrapa la vista, y viento que eriza la piel, y aullido que atraviesa los tímpanos. Cuando la ola rompe delante de ti, por un momento, ya no hay océano, solo espuma, viento y aullido, solo memoria frente al olvido.

Desde el ámbito académico se suele definir la memoria como un proceso de elaboración del pasado a partir de la selección e interpretación de unos hechos históricos. En el contexto postfranquista español, la memoria es una vía de escape ante una narrativa oficial asfixiante, traidora y engañosa que pretende imponer el silencio y el olvido.Una narrativa oficial construida desde el poder y para el poder, atada y bien atada. La narrativa de la amnesia colectiva: del no preguntar, del no saber, del no juzgar, del no abrir fosas ni archivos, del no abrir heridas.

En contra de lo que algunos quieren creer (y hacer creer) cuando intentan ridiculizar esta lucha llamando carcas a quienes nos preocupamos por conocer la historia de nuestros abuelos y abuelas, la de la memoria es una lucha del presente. Del presente y del futuro. Es presente porque nosotras, las generaciones más jóvenes, somos herederas de esa cultura de la impunidad. Y es futuro porque la indignación que esto nos produce es lo que nos mueve a sumar nuestras voces a las de las valientes generaciones que nos preceden, en un grito global que seguirá exigiendo, hasta que sea escuchado, verdad, justicia, reparación y garantías de no repetición.

Construir memoria no es vivir atrapado en el pasado, sino avanzar por los derechos y libertades. En este sentido, la memoria feminista es la memoria más valiente que conozco, porque interpela al pasado con la mirada puesta en el más valiente de los futuros. Un futuro en el que esos derechos y libertades que otras generaciones pelearon antes que nosotras (y que unas veces estuvieron tan cerca de alcanzarse como otras de perderse para siempre), puedan ser disfrutados por todas y todos. Si la memoria juega un papel fundamental en la construcción de la ciudadanía, la memoria feminista tiene el poder y laresponsabilidad de conectarnos con las genealogías de las luchas de quienes nos preceden, visibilizando lo que históricamente ha sido invisibilizado, nombrando lo innombrable, escuchando las voces silenciadas por el peso de esa Historia con mayúsculas construida desde una mirada patriarcal.

Frente a esa narrativa oficial, la memoria feminista es una memoria abierta y plural, que huye de los hiperliderazgosporque entiende el valor de lo colectivo y que sitúa los cuidados en el centro, haciendo suyo ese lema tan necesario que señala que lo personal es político. La memoria feminista es una memoria horizontal. En ella cabemos todas: las que sufrieron en sus carnes la represión franquista (las presas por abortar, las torturadas por militar, las pobres, las exiliadas, las mujeres trans, las madres de los bebés robados, las internadas en patronatos e instituciones psiquiátricas por vivir libremente susexualidad…) y las que heredamos esa transmisión intergeneracional de la memoria a base de charlas en la cocina con nuestras abuelas.

Los criminales franquistas comprendieron perfectamente la importancia radical de las genealogías, como demuestran los persistentes esfuerzos dedicados a borrar el legado feminista de los años 30. Las reformas legislativas aprobadas durante la Segunda República,como la aprobación del sufragio femenino o la legalización del divorcio, pretendían sentar las bases para favorecer el proceso emancipatorio femenino que en el resto de Europa llevaba desarrollándose desde principios de siglo. Además, en este periodo surgirían organizaciones de mujeres como la Agrupación de Mujeres Antifascistas o Mujeres Libres, que jugaron un papel fundamental en la lucha contra el fascismo. Estos valores suponían una amenaza para el modelo de mujer que la dictadurapretendía imponer, y por ello este legado feminista fue arrasado como parte de un borrado de nuestra genealogía feminista. Un borrado sistemático y organizado que se inicia con el golpe de estado y se extiende hasta el pacto del olvido de la transición.

Igual que los franquistas comprendieron entonces el valor de las genealogías e intentaron destruirlas, sus herederos políticos han entendido hoy lo que está en juego en el terreno de la memoria y están dispuestos a dar batalla. Prueba de ello es aquel infame tuit tras las elecciones del 26 de mayo de 2019, en el que la ultraderecha se congratulaba de responder al No pasarán antifascista con un "ya hemos pasao". Nuestros antagonistas de proyecto histórico (parafraseando a la antropóloga Rita Segato) están dispuestos a pelear esa batalla precisamente porque han comprendido que la memoria es una llave para construir presente y futuro. Frente a su memoria rancia y excluyente, la memoria feminista se hace más necesaria que nunca pues es la memoria de la supervivencia de unos saberes, luchas y experiencias que intentaron arrancarnos sin saber que eran semilla.

A enraizar, hermanas.

hasta enterrarlos en el mar.