Ramón Acín, la sin razón y el odio acabó con un artista anarconsindicalista extraordinario

7 Ago 2018

Víctor Pardo Lancina

El 6 de agosto de 1936 moría asesinado en la tapia del cementerio de Huesca el artista y militante anarcosindicalista Ramón Acín.

El artista anarcosindicalista (Texto de Víctor Pardo Lancina)

El jueves 30 de agosto de 1888 a las cuatro de la tarde, nació en la calle de las Cortes número 3, en la denominada Casa de Ena, Ramón Arsenio Acín Aquilué, el cuarto hijo del agrimensor Santos Acín y de María Aquilué, maestra. Pocos datos conocemos de los primeros años de Ramón Acín, llamado a ser uno de los personajes más fascinantes del primer tercio del siglo XX en Aragón, pero sí sabemos de su temprana afición al dibujo, ya que se conservan algunos apuntes de paisajes y escenas de tipo costumbrista pergeñados en Bailo, localidad a la que acudía los veranos a la casa de su tío Ramón. Esta pronta vocación por los pinceles le llevó hasta el taller del pintor oscense Félix Lafuente, de quien Acín consideraría discípulo durante su corta aunque fecunda vida de artista.

Tras estudiar el bachillerato en Huesca se matricula en Ciencias Químicas en la Universidad de Zaragoza, pero no terminará los estudios, como tampoco aprobará las oposiciones que prepara en Madrid en 1909 para ingresar en el Cuerpo de Delineantes de Obras Públicas. La estancia madrileña lleva a Acín a frecuentar la vida bohemia y establecer relaciones con escritores y artistas anarquizantes. A esta época se adscriben, además, sus primeras colaboraciones gráficas en la prensa, portadas de libros e incluso el programa de las fiestas laurentinas de 1912. Ilustrador brillante y articulista no menos caracterizado, Ramón Acín publicó centenares de páginas en El Diario de Huesca, pero también en la prensa aragonesa y madrileña. En 1913, junto a Ángel Samblancat edita el periódico revolucionario La Ira, del que sólo vieron la luz dos entregas, antes de convertirse en un problema policial que dio con sus redactores en la cárcel. Obtiene una pensión de la Diputación Provincial para ampliar estudios y durante los años 1914-15 viaja por Madrid, Toledo, Granada, Barcelona... Firma trabajos en Talión, junto a Samblancat, Felipe Alaiz, Gil Bel y Joaquín Maurín, y se afilia a la CNT, militancia que determina su trayectoria vital y configura sus intenciones artísticas, pedagógicas y un modo de estar en el mundo. Su buen amigo Rafael Sánchez Ventura dijo que Acín siempre fue «un anarquista blanco», dado que nunca practicó, bien al contrario, violencia ni sectarismo de ningún género.

En 1915 expone en el Casino Mercantil de Zaragoza, al año siguiente reside en Madrid alojado en el Torreón de la Calle Velázquez que Ramón Gómez de la Serna, con quien mantuvo una estrecha relación, llenaría de greguerías e ingenio años más tarde. En 1917 aprueba las oposiciones para profesor de Dibujo en las Escuelas Normales de Huesca, iniciando de este modo una fructífera labor pedagógica inspirada en los conceptos de la nueva escuela y aplicando los revolucionarios métodos puestos en marcha por Freinet y otros renovadores de la enseñanza. En 1918 publica el manifiesto Jóvenes Oscenses en el que aboga por la constitución en Huesca de la Agrupación Libre «Nueva Bohemia». Al año siguiente edita la revista Floreal y participa en el Congreso de la CNT celebrado en el Teatro de la Comedia de Madrid.

Menudean las exposiciones durante estos años, en Madrid, Zaragoza, Barcelona, Huesca... Casa con Conchita Monrás el 6 de enero de 1923 y de esta unión nacerán Katia, en el mes de octubre y Sol en julio de 1925. El mismo año de su matrimonio publica Las corridas de toros en 1970, al tiempo que trabaja en la preparación de nuevas exposiciones, escribe artículos en prensa y desarrolla una gran tarea en el ámbito sindicalista, lo que le acarrea enfrentamientos con las autoridades e incluso penas de cárcel, como la que le procura el artículo «Por estética y por humanidad», dedicado en 1924 a la defensa del escritor y dibujante Juan Bautista Acher «Shum». Crece su interés por el arte en todos los campos y no sólo dibuja y pinta, también prepara valiosas propuestas escultóricas y no descuida la faceta de las esculturas públicas. Precisamente Acín cobrará un protagonismo sin discusión cuando en 1928 con motivo del Centenario de Goya publica un manifiesto muy crítico con los contenidos de la conmemoración oficial y defiende sin ambages el trabajo del arquitecto zaragozano Fernando García Mercadal, en el denominado Rincón de Goya, proyecto tan precursor como incomprendido y denostado en su momento. En 1929 Ramón expone en las Galerías Dalmau, en Barcelona, e inaugura en el parque oscense el gran monumento Fuente de las Pajaritas, un auténtico símbolo en el imaginario local.

1930 es un año clave en la vida de este gran personaje amigo de Lorca y Buñuel, y también en la historia contemporánea española, ya que interviene junto a los capitanes Galán y García Hernández en la sublevación republicana de Jaca, si bien logra huir tras el fracaso de la asonada y cuando los dos militares ya han sido fusilados en Huesca. Acín se exilia en París junto con señalados políticos de izquierda y no podrá regresar hasta la proclamación de la República el 14 de abril de 1931, siendo aclamado por una multitud entusiasta y cautivada por la personalidad de quien ya es un intelectual, artista y político de enorme predicamento y proyección.
Durante los agitados años de la Segunda República prepara distintos monumentos para honrar la memoria de Galán y García, considerados mártires por la causa de la libertad. Igualmente reanuda sus clases en la Escuela Normal y pinta sin descuidar el perfil escultórico. Un premio en la lotería de Navidad de 1932 le sirve para financiar el gran documental de Luis Buñuel Tierra sin pan, realizado en Las Hurdes a donde se desplaza en 1933. Conferencias y mítines, la militancia que le llevaría en varias ocasiones a la cárcel, artículos en prensa, congresos sindicalistas o pedagógicos como el celebrado en Huesca en 1935 y una actividad expositiva imparable, ocupan el tiempo y los afanes de un Ramón Acín que a pesar de todo, nunca tuvo en segundo plano a su querida Conchita y sus dos hijas.

El 18 de julio de 1936 consideró que el nuevo pronunciamiento militar estaba abocado al fracaso, como tantos otros, pero se equivocó. Partidario de la no violencia, aconsejó al gobernador civil que en evitación de un baño de sangre, no se armara a la población que quería defender con uñas y dientes la legitimidad republicana. Ramón se escondió en su casa de la calle Las Cortes, donde sería detenido por conocidos falangistas de Huesca y policías el 6 de agosto. También Conchita Monrás quedó detenida. Ramón Acín fue fusilado ael mismo día mientras que Concha corrió idéntica suerte en la saca del 23 de agosto. Los verdugos persiguieron a sus víctimas incluso a través de las leyes de Responsabilidades Políticas ejecutadas por la Comisión Provincial de Incautación de Bienes, y aunque quisieron echar sal sobre la memoria del gran artista, su obra y el insobornable ejemplo ético de su existencia han trascendido y constituyen hoy un perdurable legado, ajeno a las modas y los usos.

 

“Mi abuelo, Ramón Acín, era un punto solitario en el mapa de la memoria histórica en el que ahora brillan otros hombres y mujeres como él”

eldiario.es/Oscar Senar

https://www.eldiario.es/aragon/cultura/Ramon-Acin-solitario-memoria-historica_0_792670882.html

La Fundación Ramón y Katia Acín estrena un nuevo portal en el que están disponibles multitud de documentos y obras de ambos artistas: el padre, “hombre bueno” asesinado por el fascismo; la hija, ejemplo de cómo exorcizar el pasado a través del arte

“Mamá no nos contaba historias truculentas, pero sí supimos siempre que a los abuelos los habían matado en la Guerra Civil”, explican los nietos de Ramón Acín

Los descendientes lamentan la escasa difusión institucional que ha tenido su figura fuera de Aragón

 
Los nietos de Ramón Acín, hijos de Katia: de pie, Federico, Conchita y Ramón; sentadas, Katy y Ana. La foto fue tomada el pasado 19 de mayo, sobre el escenario de la obra de teatro 'La niña azul'.

Los nietos de Ramón Acín, hijos de Katia: de pie, Federico, Conchita y Ramón; sentadas, Katy y Ana. La foto fue tomada el pasado 19 de mayo, sobre el escenario de la obra de teatro 'La niña azul'. Juan Manzanara / Zaragoza

 

“Amigo Buñuel: Tornémonos nidos de gusanos, antes que torcer nuestros comenzados caminos; caminos rectos, sencillos, henchidos de independencia y de humanidad”. Ramón Acín escribió estas palabras en la prensa en 1930. El “amigo” de su apelación no era una manera de hablar: apenas dos años después, el oscense se gastaría el premio del gordo de la lotería en financiarle Tierra sin pan al cineasta de Calanda. El  recorte de El Diario de Huesca donde se publicó este texto es uno de los cientos de documentos que están disponibles en el portal de la Fundación Ramón y Katia Acín, que se renueva para impulsar el estudio y divulgación del “hombre bueno” que murió asesinado a manos de falangistas el 6 de agosto de 1936.

 

La Fundación Ramón y Katia Acín tiene el aliento de los cinco hijos que esta última tuvo con su marido Federico García Bragado. En mayo, buena parte de sus descendientes -una tropa más que numerosa- se reunió para asistir al doble estreno, en Huesca y Zaragoza, de la obra de teatro La niña azul, inspirada en la figura de Katia, mujer de biografía no menos interesante que la de su progenitor. La familia entera estaba encantada con esta iniciativa, al igual que con cualquier otra que reviva el legado de Ramón Acín, “Es algo que me da mucha satisfacción, porque nos devuelven su figura enriquecida con nuevos puntos de vista, y recuperan sus valores de coherencia, bondad y humanidad, que son eternos”, dice Ana María García-Bragado Acín.

Que todo el fondo documental relacionado con Acín esté disponible en Internet, “para que quien quiera lo tenga a su alcance”, tiene su origen precisamente en el afán de Katia de no olvidar nunca lo que les ocurrió a su padre y a su madre, Conchita Monrás, que compartieron trágico destino en las tapias del cementerio de Huesca, con unos días de diferencia. “Éramos apenas unas niñas y mamá, de vez en cuando, sacaba una caja y nos enseñaba los recuerdos y fotos de sus padres. Incluso nos llevaba a pasear por la alameda y el río, los mismos lugares que frecuentó con ellos. Sentía esa necesidad. No nos contaba historias truculentas, pero sí supimos siempre que a los abuelos los habían matado en la Guerra Civil”, explica Conchita García-Bragado.

Un doble legado

“De todo esto en la sociedad no se hablaba, claro, ni de Ramón Acín. Lo único que quedaba de él, de forma sorprendente, era el monumento de las Pajaritas del Parque Miguel Servet de Huesca, que no sabemos por qué fue respetado tras su muerte”, rememora Conchita. Todo cambió en 1982, con la llegada del PSOE al Gobierno de Aragón, y el impulso de un grupo de investigadores, con el profesor Manuel García Guatas a la cabeza, que se propuso sacar a la luz la obra artística de Acín, verso suelto de la generación de la vanguardia. Exposiciones, artículos... “Su figura salió de las catacumbas de la historia”, dice su nieta, que recuerda cómo de los enormes baúles de las golfas de la casa familiar en La Pobla de Montornés -a donde, tras el fusilamiento, fueron enviados, confiando en salvarlos, los enseres que tenían en Huesca- empezaron a salir pinturas y dibujos...

 

Este no iba a ser el único tesoro que iba a tener que gestionar la aún no nata Fundación. En 1989, Katia Acín se jubiló tras una vida entera dedicada a la docencia de Historia. Heredera de la vocación pedagógica de su padre, en su carrera como profesora sembró semillas que aún hoy dan frutos: ella fue la impulsora del grupo de teatro del instituto de Binéfar, en el que participó Paco Paricio, quien después fundaría la popular compañía Los Titiriteros de Binéfar. El caso es que Katia, que “nunca había hecho lo que había querido, que llegó tarde a todo”, reunió a todos sus hijos y les soltó una bomba: se iba a Barcelona a estudiar Bellas Artes, y encima pensaba alojarse en un colegio mayor, como cualquier otro alumno.

“Ya de niña pintaba con su padre; toda la vida nos había dibujado en los cuadernos y no había dejado esquina de periódico sin garabatear”, cuenta Conchita. “He aprendido muchas cosas en la universidad, pero a dibujar no, porque eso ya sabía”, llegó a decir la propia Katia. Se especializó en grabado, y con 71 años, comenzó una intensa actividad artística en ese campo. En 2004, apurando la vida y el arte hasta el último momento, falleció sin resentimiento y dejó una notable colección de obras... ¿Qué hacer con todo aquello?

"Asignatura pendiente"

En 2005 surge la Fundación, con el objetivo de gestionar todo el legado familiar, que incluye también la poesía de Sol (1925-1998), la otra hija del matrimonio Acín Monrás. Una década antes, Katia y Sol habían firmado un acuerdo con el Gobierno de Aragón, por el que se cedía al ejecutivo autonómico toda la obra de Acín. “El compromiso fue que la Diputación General de Aragón la conservaría y divulgaría, y aquí está la clave”, remarca Ramón García-Bragado. “Ese mismo año, tras la dimisión del presidente José Marco por el 'caso del sillón', gana las elecciones autonómicas el PP y la obra queda depositada primorosamente en el Museo de Huesca, pero la parte de darle difusión fue relegada. Hoy sigue siendo una asignatura pendiente”, lamenta Ramón. Aunque son varias las exposiciones temporales que se le han ido dedicando a su abuelo y su madre -la última de ellas el pasado año en el Museo Pablo Serrano-, los familiares de Acín lamentan la falta de proyección fuera de Aragón, donde tan solo se ha mostrado de forma monográfica una vez, en Barcelona en 1990.

Desde la Fundación se va a seguir reivindicando que Acín “esté a disposición de toda la sociedad: si es una sociedad individualista y egoísta, guardará a Acín en un cajón, pero si es una sociedad solidaria y con valores, utilizará a Acín porque será una figura que la representará”, reflexiona el nieto. “Ahora que se estudia la memoria histórica, su caso es representativo -dice Ana María-; hace unos años, mi abuelo era un punto solitario en un mapa en el que ahora brillan otros muchos puntos, porque hubo muchos hombres y mujeres como él”.

Muchos son quienes no olvidaron ni olvidan a Ramón Acín. Como tampoco lo hizo su amigo Luis Buñuel. Entre la documentación accesible a través de la nueva web de la Fundación está la carta manuscrita que este envió a Katia y Sol en 1962, en el que, sin florituras, les comunicaba que, tras pelearlo con su distribuidor francés, les haría llegar 25.000 pesetas, cantidad que se sumaría a las 60.000 enviadas en año anterior, con las que quería compensar la decisiva contribución de Acín al rodaje de Tierra sin pan. Katia, más sentida que el genio de Calanda, respondió en una misiva de 1963: “... es muy difícil encontrar en estos tiempos a una persona como usted, y precisamente porque la vida nos ha sido poco amable reconocemos y agradecemos más su gesto”.

En 2019, personaje de animación

Si el calendario de la cartelera así lo permite, en el primer trimestre de 2019 llegará a los cines Buñuel en el laberinto de las tortugas, el filme con el que el director Salvador Simó convertirá en personajes de animación a Luis Buñuel y Ramón Acín. La cita se inspira en el cómic homónimo que publicó en 2008 el historietista extremeño Fermín Solís, en el que narra el azaroso rodaje de Las Hurdes, tierra sin pan. “El origen de aquella película está en el boleto de lotería que le toca a Acín, así que me puse a investigar sobre él”, explica Solís al otro lado del teléfono. “Me fascinó de forma inmediata, hasta tal punto que lo convertí en coprotagonista de la historia. Lo veía como una especie de 'Pepito Grillo' de Buñuel, intentando poner un poco de sentido común a sus locuras”, relata el dibujante. El filme de Simó, adelanta Solís, hará mucho hincapié en la amistad entre ambos personajes “de forma muy emocionante”, algo que considera “ayudará a dar a conocer a Acín entre el gran público, ya que refleja muy bien su personalidad”.

Imagen promocional de 'Buñuel en el laberinto de las tortugas'.

La atracción de la ficción por Acín va en aumento. En 2016 apareció el cómic La bondad y la ira, de Juan Pérez y Daniel Viñuales, sobre las últimas horas del pedagogo oscense. En este mismo 2018, la actriz y dramaturga Elena Gómez Zarzuca ha llevado a escena La niña azul, una obra para todos los públicos en la que repasa la vida de Katia poniéndose en la piel de la propia profesora, quien a punto de jubilarse recuerda su infancia marcada por el asesinato de sus padres. La memoria no se detiene: hace apenas unas semanas, la Casa Ena de Huesca, donde tuvieron su hogar los Acín Monrás, ha añadido a su fachada el retrato de Conchita que le realizó su marido, adaptado por el artista urbano Burton.