Recordamos a Sara Berenguer en el octavo aniversario de su fallecimiento

8 Jun 2018

Anarquismos

Un 8 de junio de 2010 falleció Sara Berenguer Laosa, militante anarquista catalana a la que no le dio la gana dejarse aplastar por las lagunas en su educación, por el machismo y por las circunstancias difíciles. La idea del anarquismo que se había apoderado de ella fue una luz que la guio toda su vida.

 

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Nació en una familia obrera en Barcelona el 1 de enero de 1919. Era la mayor de cinco hijos. Su padre, Francisco Berenguer Madrid, era albañil, con educación política autodidacta y activo en el movimiento libertario.

Sara dejó la escuela a los 12 años y comenzó a trabajar en una carnicería del mercado. Desde las 6 de la mañana acarreaba pesadas cargas de carne por corredores mal iluminados hasta la cámara fría. Le asqueaba el comportamiento de los trabajadores del mercado, que intentaban manosearla. Dejó el trabajo. Empezó en un taller de encajes, en donde hablaba por sus compañeres. Su jefe intentó comprarla aumentándole el salario, pero ella se fue. Luego trabajó para sí misma confeccionando vestidos hasta el estallido de la revolución española en julio de 1936. Ya tenía abundantes experiencias sobre la condición de la mujer, la explotación y el machismo.

Sólo tenía diecisiete años cuando estalló la revolución española. Iba hacia la playa con su madre, sus hermanos y su novio cuando se encontraron con una gran multitud que portaba armas y gritaban que había estallado la revolución. Los jóvenes le pidieron una cuerda para poder sujetar una bandera roja y negra en un automóvil. Mientras tanto, su padre se había unido a la lucha. Cuando regresó a la casa estaba armado, perseguido por los fusileros. Ella lo ayudó pasándole municiones para su rifle.

Cuando su padre dijo: «Me voy al frente, cuéntaselo a tu madre mañana», ella quiso irse con él, y él le dijo que eso no era para niñas, sino para hombres. La dejó con el comité revolucionario del barrio, Les Corts, donde asumió el cargo de enfermera. Después de una semana sin pacientes, exigió un nuevo puesto. La colocaron con un equipo de modistas que hacía ropa para las milicias, pero rechazó este trabajo y tomó un puesto como mecanógrafa en el comité. Realizaba listas de los camaradas que formaban patrullas de seguridad y luego se encargó de la distribución de armas.

Le dieron un arma y un guardaespaldas al que echó después de ser acosada sexualmente por él. Luego fue secretaria del comité. Era la única mujer en este comité y tuvo que lidiar con las insinuaciones de hombres mayores que ella. Se defendió y se convirtió en un miembro experimentado del comité, dando cursos vespertinos en el ateneo local a niños y niñas cuyos padres estaban en el frente. Conoció al joven anarquista Jesús Guillén con quien más tarde tuvo una larga relación.

Visitó el frente durante tres días con su madre para encontrarse con su padre, quien más tarde murió en el frente en Almudévar el mismo día que el funeral de Durruti. A Sara le afectó mucho su muerte, pero continuó con una actividad frenética.

Conoció a Sol Ferrer, la hija de Francisco Ferrer, el gran educador libertario, que le enseñó francés.

Después de los días de mayo de 1937, los comités revolucionarios fueron disueltos y sus oficinas fueron ocupadas por guardias de asalto. Ahora Sara trabajaba para el comité del sindicato de trabajadores de la madera como mecanógrafa y contable. Ocupó cargos de responsabilidad en el comité local de las Juventudes Libertarias (FIJL) y en la secretaría del ateneo.

Se unió a Mujeres Libres en octubre de 1938 y trabajó en su secretaría regional. Se implicó en iniciativas educativas entre mujeres. Participó en la infructuosa defensa de la Casa de las Trabajadoras que había sido creada por Amparo Poch y Gascón, cuando la Generalitat envió guardias de asalto para apoderarse de ella en 1938. Estaba en el comité principal de Solidaridad Internacional Antifascista (SIA) e hizo muchas visitas al frente.

Con la derrota de la república y la retirada, escapó al otro lado de la frontera. Continuó el trabajo de SIA en Perpiñán y luego en Béziers. Trabajó para liberar camaradas de los campos de concentración franceses, incluido Jesús Guillén. A pesar de que ahora criaba a dos hijos habidos con Jesús y que se encontraba en una situación muy precaria, no se desanimó y continuó su actividad. Durante la ocupación alemana trabajó en el grupo CNT en Bram en el Aude. Ella y Jesús emprendieron actividades de resistencia, sirviendo de enlace a grupos franceses. Fue ella quien llevó información importante escondida en sus guantes a Béziers, con gran riesgo para su vida.

En 1947 organizó en la CNT cursos cortos para exiliados y también participó en grupos de teatro organizados por el movimiento español en el exilio.

En 1965, ella y Jesús fueron excluidos de la CNT por su apoyo a militantes como Cipriano Mera, Octavio Alberola y Luis Andrés Edo, que deseaban romper con la política de la inacción. Luego ayudó al Frente Libertario, que expresó las opiniones de estos militantes. Organizó varias conferencias anuales de esta corriente en Narbona.

De 1972 a 1976 ella y Suceso Portales editaron la revista «Mujeres Libres». Su casa siguió siendo una cita para los anarquistas y gran parte de la película «De Toda La Vida» sobre Mujeres Libres fue filmada allí.

Visitó la tumba de Durruti con Emilienne Morin y su hija Colette, leyendo un poema en la tumba. Jesús Guillén, artista con talento que había ilustrado el trabajo de Sara, murió en 1999. Ella murió el 8 de junio de 2010.
Fuente: Nick Heath, en libcom.
Trad. Anarquismos

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