Otra propuesta

1 Oct 2014

Ivan Illich (Viena, 1926 - Bremen, 2002), pedagogo y filósofo austriaco, se consagró a la crítica radical de las instituciones sociales, entre ellas la escuela. En 1961 fundó el Centro Intercultural de Documentación de Cuernavaca (México), lugar de encuentro para pedagogos de todo el mundo. Entre sus muchas obras sobre pedagogía figuran títulos como “Una sociedad sin escuela” (1971), y “La sociedad desescolarizada” (1978).

 

“…para la mayoría de los seres humanos el derecho a aprender se ve restringido por la obligación de asistir a la escuela.”

“Al alumno se le “escolariza” de ese modo para confundir enseñanza con saber, promoción al curso siguiente con educación, diploma con competencia y fluidez con capacidad para decir algo nuevo.”

Illich, siguiendo las huellas de Everett Reimer (“La escuela ha muerto”) y las teorías de la escuela alienada, argumenta que ninguna de las instituciones tradicionales de la sociedad industrial se adecua a las necesidades reales de las personas, por lo que es necesaria una revisión de todas ellas, empezando por la más perniciosa : la escuela. La educación sostenida institucionalmente por la escuela tradicional se ha convertido en una mercancía carente de valores éticos y concebida únicamente como un hábil instrumento para la formación de escolares utilitaristas y competitivos.

Para poner fin a esta situación Illich propone el aprovechamiento de otros “canales del saber” que sirvan de alternativa a la escuela institucional. De ahí surge su propuesta pedagógica más revolucionaria, la “desescolarización”, que comienza por establecer que la mayor parte de los conocimientos útiles para un individuo de la sociedad contemporánea se adquieren fuera de la escuela, es decir, en contacto directo con el entorno familiar, las experiencias sociopolíticas y las vivencias culturales.

Para alcanzar una verdadera educación Illich propone fomentar el aprendizaje informal y potenciar la creatividad del individuo dentro del entorno social en que se mueve, sin someterlo a los rígidos estamentos de la escuela institucional. Sería necesario, por tanto, crear tramas educacionales que aumenten las posibilidades de aprender, compartir e interesarse, que sean la antítesis de la institución escolar.