Orígenes del 8 de Marzo

11 Mar 2021

Macarena Amores

 

Orígenes del 8 de Marzo

El 8M no deja indiferente a (casi) nadie. Ni a quienes lo esperan cada año, ni a quienes lo boicotean de cualquier forma. ¿Pero qué es realmente el 8 de Marzo? ¿Qué sentido tiene un día como el 8M? ¿Qué se reivindica? ¿Es una jornada de celebración o se trata de un día de protesta que recuerda la lucha de la mujer el resto de los 365 días del año? ¿Debemos decir Día Internacional de la Mujer o Día Internacional de la Mujer “Trabajadora”? ¿Desde cuándo se conmemora?, y sobre todo… ¿qué recordamos?

Laura Vicente, historiadora anarquista y ponente de la charla organizada el pasado 5 de marzo por CGT Barcelona sobre ‘Mujeres en el Movimiento Obrero’, explica que el origen del 8M lo podemos situar en febrero de 1909, cuando se celebra por primera vez en la historia el Día Nacional de la Mujer. El acto estuvo organizado por mujeres socialistas tras una declaración de su propio partido, el Partido Socialista de los EE.UU., en honor a una huelga que habían llevado a cabo trabajadoras textiles en 1908. Aquellas trabajadoras protestaron por las penosas condiciones de trabajo que padecían y exigían una reducción de la jornada laboral, mejores salarios y el derecho a voto.

En el año 1910, en la II Conferencia Nacional de Mujeres Socialistas que tuvo lugar en Copenhague (Dinamarca), se reiteró la demanda del sufragio universal y a propuesta de la comunista alemana Clara Zetkin, se reclamó el 8 de Marzo como “Día Internacional de la Mujer”.

Al año siguiente de celebrarse por primera vez el 8M como Día Internacional de la Mujer, el 25 de marzo de 1911 se produce un incendio en la fábrica de camisas  ‘Triangle Shirtwaist’ de Nueva York.  En él mueren calcinadas 146 mujeres obreras y 71 resultaron heridas muy graves. Al producirse el incendio no pudieron salir del edificio en el que trabajaban porque el patrón las había encerrado, para “evitar robos”, dejándolas sin posibilidad de escapar del fuego. Estas mujeres, en su mayoría, eran jóvenes migrantes que procedían de Europa del este e Italia. La víctima de más edad tenía 48 años y la más joven apenas era una niña de 14.  Esta empresa empleaba aproximadamente a 500 obreros que trabajaban más de diez horas diarias, a las que había que sumar 7 más los sábados. Recibían por ello un salario entre 7 y 12 dólares. Trabajaban en condiciones inhumanas, encerradas y vigiladas, como quizás hoy lo hagan en muchos otros lugares del tercer mundo tantos seres humanos para… ¿Amancio Ortega, por ejemplo?

En plena I Guerra Mundial (1914-1918) se produce en Rusia una revolución, entre febrero y octubre de 1917. El 8 de marzo de ese año tienen lugar incidentes en las largas colas que se habían formado, principalmente de mujeres, para conseguir pan. Estos incidentes se convierten en pocas horas en manifestaciones espontáneas para exigir el final de la guerra, uniéndose entre las reivindicaciones del pueblo el pan y la paz.

Con estos aspectos históricos sobre el origen del 8M debemos reflexionar sobre varios hechos incuestionables.

El primero es que el origen del 8 de Marzo está asociado a la lucha de las mujeres trabajadoras asalariadas y a la industria textil, un sector muy feminizado en esa época en la que las niñas y las mujeres recibían por su trabajo unos salarios muy bajos,  soportaban jornadas laborales muy largas y muy malas condiciones laborales. Enma Goldman, anarcofeminista, se ganó la vida como trabajadora del textil en EE.UU. y explica la situación a la perfección en su libro autobiográfico ‘Viviendo mi vida’. Otro ejemplo clarísimo es el de la anarcosindicalista Teresa Claramunt, tejedora que participó en la huelga “de las 7 semanas” de Sabadell en 1883 para exigir la reducción de la jornada laboral, tanto para los hombres como para las mujeres.

Por otro lado, esta jornada del 8M también está asociada al “socialismo”, que enseguida introdujo entre las reivindicaciones laborales el derecho a voto. Esto era lógico, porque la socialdemocracia consideraba fundamental desarrollar las mejoras a través de la vía parlamentaria, a través de las instituciones. Por lo tanto, son patentes desde los inicios esa intención de institucionalizar el 8 de Marzo.

Además, las mujeres no son solo trabajadoras asalariadas, sino que además están encargadas de lo que ahora llamamos “los cuidados” o lo que es lo mismo, todo lo necesario para que la vida funcione. Pero estos cuidados no están en el centro de la economía capitalista, sino que conforma la cara oculta de este modelo económico que tienen que afrontar solas las mujeres desde siempre. Sobrevivimos en un modelo en el que la vida no es responsabilidad colectiva, sino individual de las mujeres. El sistema necesita esa cara invisible para que se reproduzcan las relaciones sociales capitalistas que están basadas en el expolio de la vida, en el trabajo gratuito de las mujeres, pero también en un sentido más amplio, en el robo de todo lo que entendemos por “vida digna”.

Todo esto explica que las mujeres tengan protagonismo en conflictos que ponen la vida en el centro: conflictos relacionados con la vivienda –desde la lucha por los alquileres más bajos a la lucha contra los desahucios-, con el alimento, con las rentas, la tierra, la paz, etc. En este sentido,  podemos hablar, como ejemplo de estas luchas, de huelgas de alquileres a principios del siglo XX protagonizadas por mujeres, como recordaba Laura.

Conviene tener todo esto claro y presente no solo cada 8 de marzo, sino el resto del año, sobre todo ahora que comprobamos que intencionadamente desde las instituciones del Estado se pretende borrar el término “trabajadora” de esta jornada. Coincidimos con Laura en que es muy importante no olvidarnos de la lucha de clases en nuestras reivindicaciones feministas, porque se puede evolucionar en las demandas de las mujeres y pelear contra nueva situaciones que nos afectan, pero nunca perder la reivindicación de clase obrera. Porque nada que ver tenemos las mujeres de la clase trabajadora con las burguesas que desde empresas, parlamentos y formaciones políticas de diferente color y signo continúan perpetuando la violencia institucional contra las mujeres. Nada que ver con ellas, porque el feminismo de Estado también es patriarcado.