EL MAPA PERDIDO DE LA MEMORIA DEL EXILIO

19 Jun 2017

Todolosnombres.org

Un grupo de investigadores publica un monumental diccionario en el que han trabajado durante veinte años y que rescata a los escritores desterrados tras la Guerra Civil

 

http://www.todoslosnombres.org/content/noticias/el-mapa-perdido-la-memoria-del-exilio

EVA DÍAZ PÉREZ | 17-6-2017

El “viento sucio de la Historia”, como decía Salinas, los arrojó al otro lado del mundo. Tenían la maleta detrás de la puerta, no compraban muebles en sus casas de desterrados porque eso sería renunciar al regreso a España cuando muriera Franco. Pero Franco no se moría. Y ellos comenzaron a habitar en los cementerios del exilio.

¿Qué fue de los desterrados españoles? ¿Dónde se guarda su memoria? Un grupo de investigadores lleva veinte años trabajando en una obra que es un monumento a esa memoria olvidada y que ahora sale a la luz. El Diccionario Biobibliográfico de los escritores, editoriales y revistas del exilio republicano de 1939, publicado por la editorial sevillana Renacimiento, es la propuesta para viajar por esos recuerdos del exilio intelectual, el atlas de los mapas del destierro. Casi 1.500 entradas que se adentran en la vida y la obra de 1.191 autores españoles que tuvieron que huir de España tras la Guerra Civil.

El libro, que se presentará hoy en el Ayuntamiento de Sevilla con el respaldo del Centro de Estudios Históricos de Andalucía aprovechando el Día de la Memoria, es un trabajo colectivo del Grupo de Estudios del Exilio Literario (GEXEL), adscrito a la Universitat Autònoma de Barcelona. Un total de 102 investigadores que participan en un ambicioso proyecto editorial del que ya han salido interesantes trabajos de rescate de la obra perdida de estos escritores.

El grupo GEXEL se creó en 1993 para reconstruir la memoria cultural del exilio republicano de 1939. Era un proyecto de intención académica pero que también tenía implicaciones éticas y políticas al considerar que España tenía que saldar una deuda moral con “aquellos españoles que pagaron con el destierro forzoso su fidelidad a la legalidad democrática republicana”, según argumentaban en el manifiesto de creación.

Y es que la mayor parte del exilio intelectual no ha sido incorporado de forma natural al patrimonio español. Salvo el caso de los desterrados de ‘primera fila’ como Cernuda, Alberti, Zambrano, Salinas o Ayala, el resto ‘vive’ aún en el exilio puesto que es imposible encontrar sus libros en España. Es como si el memoricidio no hubiera sido sólo una cuestión del franquismo y continuara en la democracia. “Las obras que mencionamos en el capítulo de ‘creación’ debieran ser obras presentes en el catálogo de la Biblioteca Nacional de Madrid a disposición de cualquier lector. Son parte de nuestro patrimonio literario e intelectual, sin cuyo conocimiento nunca estará completa la historia de la cultura”, asegura Manuel Aznar Soler, catedrático de Literatura Española Contemporánea de la Universitat Autònoma de Barcelona, director del GEXEL y coordinador del libro junto al también profesor José Ramón López García. “La ‘recuperación’ de esta biblioteca del Exilio y de la historia de nuestro exilio republicano de 1939 debería haber sido un tema prioritario de la política cultural de Estado y sigue siendo una asignatura pendiente”, añade.

El libro es una propuesta de gran interés científico, como línea a seguir para futuros investigadores, pero también es una sugerente invitación para cualquier lector. Cada entrada es un viaje en el tiempo hacia esas biografías del destierro y también un recorrido por la España que improvisaron en el destierro. Los exiliados, como tantas veces relató Max Aub, crearon otra España en el exilio. En México DF se reunían en  cafés como el Papillón en la antigua calle Madero, que les recordaba la Carrera de San Jerónimo, o el Ambassadeurs del Paseo de la Reforma que les evocaba el restaurante Lhardy. Repasando las memoria de otro ilustre exiliado, Francisco Ayala, aparece otra gran capital del destierro: Buenos Aires. Allí frecuentaban los cafés de la Avenida de Mayo, que era como la calle de Alcalá trasplantada al otro lado del mundo. Así veían pasar el tiempo y la Historia de la que ya no formaban parte.

En los mapas del exilio que ahora se descubren con este diccionario surgen otras ciudades-refugio para aquella España peregrina como París, Toulouse, La Habana, Nueva York, Montevideo o Londres. En Inglaterra, el autor malagueño Salazar Chapela, que llamaban el “tío de Londres”, ‘recibía’ en La Bretagne, un restaurante en South Kensington y luego se iba a la sala de pintura española de la National Gallery.

Algunos de aquellos exiliados se adaptaron sin problemas, unos sobrevivieron pero jamás lograron adaptarse, otros idealizaron España hasta confundir sus recuerdos y la realidad, otros murieron antes de regresar a España, un país que ya no era el que recordaban como subrayó desolado Max Aub en La gallina ciega.

Hay momentos especialmente trágicos al repasar las entradas biográficas de los exiliados que nunca lograron adaptarse como Pedro Garfias al que solían ver platicar con fantasmas en las tabernas de México. Garfias es uno de los símbolos derrotados del exilio con su cátedra de cantinas y emérito del pulque. El poeta se bebió la vida dejando sus versos abandonados en las servilletas de papel de las tabernas. Parecía el más alegre, pero fue el desterrado que nunca asumió su derrota. Este diccionario cuenta su historia y la de más de un millar de aquellos expulsados a los que al morir, como decía el verso de Juan Rejano, “les hallaron España en el pecho”.

AQUELLA OBRA MÍTICA DE TAURUS…

Este diccionario es ya una referencia fundamental para los estudios del exilio. Con su publicación se revisa, supera y amplía la obra mítica que en 1976 editó Taurus y que dirigió José Luis Abellán: El exilio español de 1939. Una obra de seis volúmenes también colectiva y en la que participaron buena parte de los autores que habían sufrido el destierro como Manuel Andújar, Aurora de Albornoz, Tuñón de Lara o Juan Marichal. Este libro abordaba el exilio desde la literatura, el teatro, el cine, la ciencia o el pensamiento. Además trataba un elemento fundamental en el que también ha incidido el Diccionario: la importancia de las revistas y las editoriales en el exilio. Las editoriales en los países de acogida fue fundamental para la subsistencia con el encargo de traducciones y en oficios como los de corrector o ilustrador. Es el caso del Fondo de Cultura Económica de México o la bonaerense Losada.