El dolor de las hermanas de Salvador Puig Antich

13 Jun 2017

El País/Alfonso L. Congostrina

Con motivo del cierre de la cárcel modelo de Barcelona sale un artículo en El  País donde Carme Puig Antich, una de sus hermanas de Salvador, recuerda el sufrimiento que ha ocasionado esa cárcel en su familia.

 

 

http://ccaa.elpais.com/ccaa/2017/06/07/catalunya/1496854681_662847.html

Carme, una de sus hermanas, recuerda las últimas horas del anarquista: "Nos despedimos y, al rato, salió de la cárcel dentro de un ataúd"

 

 

Cartel reivindicativo que exige venganza por la muerte de Puig Antich

Cartel reivindicativo que exige venganza por la muerte de Puig Antich Carles Ribas

Antonio López Sierra fue uno de los últimos verdugos de España. El dos de marzo de 1974, a las 9.20 horas, acabó con la vida del último preso ejecutado dentro de los muros de la prisión Modelo de Barcelona. Se trataba del anarquista del Movimiento Ibérico de Liberación (MIL) Salvador Puig Antich. Sus cuatro hermanas recuerdan perfectamente las semanas previas a la ejecución de la última víctima del garrote vil en la prisión que cierra las puertas.

“Pasar por delante de ese edificio siempre nos provocará dolor. Da igual que lo transformen en un jardín, seguiremos evitándolo. Aun así, mejor que esté cerrada”, sentencia Carme, una de las cuatro hermanas de Puig Antich.

Puich Antich fue encarcelado acusado de matar en un tiroteo al subinspector de la Policía Nacional Francisco Anguas Barragán, el 25 de septiembre de 1973 en Barcelona. Un consejo de guerra condenó a muerte a Puich Antich. Las hermanas siempre creyeron que la condena a la pena capital fue una especia de venganza después de que el 20 de diciembre de 1973 ETA acabara con la vida del presidente del Gobierno Luis Carrero Blanco en un aparatoso atentado en Madrid.

“Estuvo preso del 25 de septiembre de 1973 al dos de marzo de 1974. Nos dejaban visitarlo dos veces por semana y sólo durante 20 minutos”, recuerda Carme. Los funcionarios les impedían abrazos o cualquier roce. “Consideraban a Salvador un preso peligroso por lo que durante las comunicaciones no había ningún otro recluso. No nos dejaban hablar en catalán y, al final, sólo podíamos hablar de chorradas”, recuerda.

La ejecución de Puig Antich fue traumática para las hermanas y siempre irá aparejada a los muros de la prisión barcelonesa. “El viernes uno de marzo nos avisaron que podíamos estar con Salvador sus últimas horas de vida. Sacaron dos sillones asquerosos a una sala. Mi hermana mayor llevó fotos familiares, contamos anécdotas, hubo momentos en que no hablábamos…, eso sí, siempre estuvieron presentes siete u ocho funcionarios”, recuerda. El Colegio de Abogados se movilizó y, durante toda la noche, estuvieron intentando recoger apoyos internacionales que obligaran al dictador a firmar el indulto.

“De nada sirvió. A las seis de la mañana nos echaron de la Modelo. Nos despedimos de Salvador, fuimos al bar de enfrente hasta que un coche fúnebre sacó el ataúd por la puerta de la cárcel”, lamenta. El vehículo trasladó el cadáver al cementerio de Montjuïc. “Dejaron el cuerpo en una caseta, le di un beso y todavía estaba caliente. Le quité las zapatillas y un anillo. Al salir del cementerio, los militares estaban vestidos de gala con guantes. Era su fiesta. Uno de ellos quiso darnos el pésame y le negamos la mano”, recuerda.

“Han pasado muchos años y nadie ha pedido perdón. Sólo queremos que se revise el caso y se constate que el sumario estaba manipulado y que mi hermano fue condenado simplemente porque necesitaban alguien que pagara por el atentado a Carrero Blanco”, sentencia la hermana. “La gente de a pie nos mostró todo su apoyo pero los partidos políticos, que ya estaban muy latentes, no hicieron nada por Salvador. Era anarquista y quizás les molestaba. Fue un crimen de Estado y todavía hay responsables vivos del asesinato de mi hermano”, afirma.

Tras la muerte de Salvador, y una vez instaurada la democracia, las hermanas Puig Antich han visitado en varias ocasiones la Modelo. “Hemos participado en documentales pero ahora no quiero volver a escuchar aquellas puertas correderas de hierro que suenan exactamente igual que entonces”.

Puig Antich pasó su última noche en la celda 443. El verdugo colocó el garrote vil con el que ejecutaron al activista del Mil en la paquetería de la prisión. Ambas estancias, al igual que el resto de la prisión, se convertirán en historia durante la mañana de hoy.