Experiencias en la Historia 3. Ferrer i Guàrdia : “Viva la escuela moderna”

1 Oct 2014

Francesc Ferrer i Guàrdia (Alella, 1859 – Barcelona, 1909), pedagogo y autodidacta, fue un activo militante anarquista procedente de ideas republicanas y masonas. Detenido en 1909 y acusado falsamente de haber instigado la Semana Trágica de Barcelona, fue fusilado en Montjuïc.

 

“No hay trabajo más revolucionario que el de instruir científicamente al pueblo”.

“La misión de la escuela moderna consiste en hacer que los niños y niñas que se le confíen lleguen a ser personas instruidas, verídicas, justas y libres de todo prejuicio”.

Fundó en 1901 una escuela laica en Barcelona a la que llamó Escuela Racionalista, con el objetivo de “educar a la clase trabajadora de una manera racionalista, secular y no coercitiva”. La Escuela Racionalista, basada en las disciplinas científicas, abogaba por una educación sin dogmas, sin verdades preestablecidas que no pudieran ser contrastadas por los niños y niñas ; lo experimentado tendría que ser en el medio ambiente del niño, y no en mundos quiméricos. Y el estudiante era tratado con el respeto que merece : los castigos eran sustituidos por el diálogo, la obediencia ciega por unas normas con sentido. No había discriminación entre niñas y niños.

Ferrer sostenía que la libertad tenía que ser ejercida y no aprendida, pues de lo contrario sería un dogma más. Sin embargo, el aspecto más controvertido de Ferrer, ya criticado por Mella, fue el adoctrinamiento democrático del alumnado.

Su mérito fue el de llevar a cabo un proyecto, la Escuela Moderna, con solvencia. Sus ideas se encontraban inmersas en una tradición, no muy anterior, iniciada en Rousseau, Bakunin y Kropotkin, pero Ferrer fue más allá y levantó una escuela que funcionó varios años, para escándalo de los sectores más reaccionarios.

Su influencia en la educación de nuestros días ha sido considerable.

Fragmento de una composición de una niña de nueve años, alumna de la Escuela Moderna :

“Al criminal se le condena a muerte : si el homicida merece esa pena, el que condena y el que mata al criminal igualmente son homicidas ; lógicamente deberían morir también, y así se acabaría la humanidad. Mejor sería que en vez de castigar al criminal cometiendo otro crimen, se le diesen buenos consejos para que no lo hiciese más. Sin contar que si todos fuéramos iguales, no habría ladrones, ni asesinos, ni ricos, ni pobres, sino todos iguales, amantes del trabajo y de la libertad.”