Alvarado Quirós, Celestino

29 Ago 2013

Mi abuelo Celestino vivía en la Calle Sopranis numero 9 de Cádiz, ciudad que le vio nacer el 28 de diciembre de 1903, hijo de Antonio y Carmen ; casado con Isabel Galván Moriano, natural de Chiclana de la Frontera, mis abuelos maternos tuvieron dos hijas, mi madre Isabel y Antonia, mi tata. Mi abuelo era maestro tornero en Matagorda, republicano y sindicalista, secretario del Metal de la provincia de Cádiz de la CNT, integrante del Grupo Germinal, amigo de Vicente Ballester, Emilo López y Manuel Lápiz entre otros muchos.

El día 18 de agosto de 1936, él y su hermano José se encontraban en el varadero de Puntales en espera de un barco para poder huir de una muerte segura, pero para su desgracia unos delatores, informaron a los falangistas y éstos los detuvieron. Al día siguiente, unos amigos de la familia vieron el cadáver de mi abuelo, tirado en una cuneta en Cortadura. A su hermano lo encerraron en el vapor-prisión Miraflores. Mi madre me contaba cómo su abuela se quitaba su ropa de luto por su hijo Celestino y junto con sus nietas, vestidas con sus mejores ropas, acudían al muelle y en un bote se acercaban al Miraflores para poder ver a su hijo, y que su tío José, al ver a su madre y sobrinas sin el luto, creía que su hermano también estaba prisionero. Veinte días después de su detención, José Alvarado Quirós, con 27 años de edad y sindicalista de la CNT, desapareció y nunca supieron nada de él.

Mi abuela Isabel, con tan sólo 33 años, queda viuda y con dos hijas, Isabel de 6 y Antonia de 4 años. Durante un tiempo regentó el Kiosco-Librería que mi abuelo había levantado en el Pópulo, en la calle Pelota 2, hasta que abrumada por la represión fascista, los continuos insultos y saqueos, se vio obligada a malvenderlo. Falleció en 1962. Existen indicios de que el cuerpo de mi abuelo Celestino fue inhumado en las fosas comunes del Cementerio de San José.

Mi madre murió en junio de 2004, con la pena de no saber dónde estaba enterrado su padre. Mi tía Antonia, republicana y socialista, mantiene viva su memoria, y todos esperamos saber dónde están los restos de mi abuelo y poder darle la digna sepultura que merece.

Autor : Andrés Ortiz de Galisteo Alvarado

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