"Mujeres Libres" y Emma Goldman

13 Mayo 2020

Laura Vicente

El 14 de mayo se concentran 2 efemérides muy relacionadas. Se cumplen 80 años de la muerte de Emma Goldman y 84  de la primera publicación de la revista "Mujeres Libres"

 

MUJERES LIBRES Y EMMA GOLDMAN

 

Estamos en un año extraño por muchos motivos, el Covid.19 ha alterado nuestras vidas de una manera inesperada expresando los efectos que un capitalismo suicida (capitalismo en su fase neoliberal) tiene a nivel global. Pero este 2020 reúne también dos aniversarios que no vamos a poder celebrar como se merecen pero no queremos olvidar: el 80 aniversario de la muerte de Emma Goldman (el 14 de mayo) y el 84 aniversario de la aparición de la revista Mujeres Libres (el 15 de mayo). 

La gran aventura de levantar Mujeres Libres contuvo dos palabras: revolución y palabras. La dominación que sufrían las mujeres se acompañaba siempre de un conjunto de relaciones jerárquicas de mando/obediencia. Hombres y mujeres eran desiguales en términos de poder, incluso dentro de las organizaciones obreras del Movimiento Libertario, las mujeres eran expropiadas de las palabras. Tomar la palabra, por ello, era en sí mismo una revolución.

La iniciativa de crear una revista como Mujeres Libres significó poner en marcha una auténtica revolución por el mero hecho de tomar la palabra y hablar con voz propia, sin hombres que marcaran pautas. Todo ello en un contexto muy especial (Revolución y Guerra Civil) que en parte propiciaba esta revolución y en parte la ponía en peligro.

Dijo George Orwell en Homenaje a Cataluña, que en la Barcelona revolucionaria se tenía el sentimiento de haber entrado de repente en una era de igualdad y libertad en la que los seres humanos estaban intentando comportarse como tales y no como piezas de la maquinaria capitalista. También Emma Goldman señaló la gran libertad política que vivió en su primera visita a España (que correspondía a los tres primeros meses de Revolución). Las protagonistas de Mujeres Libres, y las muchas mujeres que ingresaron en la organización del mismo nombre, vivieron con pasión esos instantes en los que la sociedad se mantuvo unida por el cemento de la solidaridad, sin el peso muerto del poder y la autoridad. Sus testimonios posteriores relataban, todavía con entusiasmo, sus impresiones personales de esos momentos que les tocó vivir cuando muchas de ellas eran muy jóvenes. 

Una revolución, la de las mujeres, que transcurrió como un río subterráneo y que estaba cuestionando la dominación más antigua que padecía la mitad de la humanidad, el patriarcado. Una revolución que no se planteaba tanto como transformación económico-social o política (que ellas siempre apoyaron), sino como mutación cultural que implicaba un cambio vital.

No resulta fácil acercarnos a esa atmósfera compartida de energía mágica, a esa sensación de que el mundo vivido hasta entonces se convertía rápidamente en una reliquia histórica, en una larga pesadilla dejada atrás. La promesa de un nuevo comienzo que no tenía más límites que los de la imaginación resultó difícil de olvidar para nuestras protagonistas. Las mujeres, embarcadas en la aventura de tirar adelante Mujeres Libres, experimentaron la humanización de la sociedad que se produjo durante la Revolución social. Un sociedad que vivió un terremoto en la retaguardia, espacio que se feminizó. Un lugar en el que había muchas mujeres asumiendo múltiples responsabilidades solas y abriendo caminos de libertad en plena Guerra, mujeres que decidían abandonar el silencio y tomar la palabra, mujeres dispuestas a arrojar sus cadenas animadas por una atmósfera de esperanza sin restricciones tremendamente estimulante. Mujeres cuya vida mutó al desaprender la pasividad.

Así explicaba David Porter cómo era captada la Revolución por gentes que venía de fuera a observar lo que sucedía en algunas zonas de la España revolucionaria, entre ellas la perspicaz Emma Goldman, cuyas opiniones y emociones quedaron recogidas en las muchas cartas que escribió a su círculo más cercano: 

« (…) la revolución no es solo euforia y destrucción. También hay en ella impulso, deseo, ímpetu para crear alternativas liberadoras de largo alcance. (…) el aspecto lúdico y festivo de la experiencia humana que complementa, da sentido e impregna completamente el aspecto del duro esfuerzo». 

Las alternativas liberadoras de largo alcance implicaron, como decíamos, un salto cultural cualitativo que hizo crecer la esperanza y la voluntad de cambiar la sociedad hasta el punto, no de superar simplemente los límites de un sistema dado de poder, sino de romper completamente la compacta membrana cultural que separaba el espacio simbólico del poder del espacio simbólico de la libertad. La compacta membrana que las mujeres libertarias, involucradas en el proyecto de Mujeres Libres, quisieron romper, estaba compuesta de sedimentos que se habían ido acumulando durante miles de años en las estructuras mentales y el imaginario social, consolidadas en comportamientos autoritarios y valores jerárquicos propios de sociedades fundamentadas en la dominación patriarcal.

Romper una genealogía de mujeres silenciadas y dominadas no era nada fácil, rechazar y confrontar cualquier forma de dominación era un programa que en sí mismo era una revolución, sobre todo cuando se pusieron manos a la obra para construir relaciones sociales  y comportamientos individuales bajo parámetros de clase y de género radicalmente nuevos. Esa revolución solo sucumbió en 1939. 

Emma Goldman tuvo relación con este proceso revolucionario como ya hemos mencionado pero su relación con el Movimiento Libertario español empezó antes. La primera actividad pública en la que participó en relación a España fue el mitin  que organizó Harry Kelly en 1896 en respuesta a las noticias de represión en Montjuïc. Posteriormente vino en una breve visita a España entre diciembre de 1928 y enero de 1929, conociendo a Teresa Claramunt y a la familia Urales. Estableció contactos directos con CNT en los Congresos Internacionales de la Red Trade Union en 1920 y 1921. También en Berlín en diciembre de 1922 durante la creación de la Internacional Anarcosindicalista (IWMA).