ASKATASUNA. LA NOCHE EN LA QUE ARDIÓ UNA IMPRENTA DEL ANARQUISMO VASCO

23 Dic 2021

Todos los nombres/Unai Aranzadi

En la primera Aste Nagusia de 1978 un comando de Cristo Rey atacó con bombas incendiarias la librería e imprenta del colectivo anarquista Askatasuna.

 

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Texto pie de foto: 

Mikel Orrantia con un ejemplar de Askatasuna en su casa de Forua Unai Aranzadi

 

 

 

En la madrugada del 24 de agosto de 1978, primer año en el que la ciudad de Bilbao celebraba su Aste Nagusia, un comando fascista del grupo Guerrilleros de Cristo Rey atacó con bombas incendiarias la librería e imprenta del colectivo anarquista Askatasuna. Situado en pleno centro de Bilbao, el local y toda la costosa maquinaria quedaron arrasadas por las llamas. Sin embargo, el proyecto político y editorial consiguió sobrevivir dos años más, exhausto por la asfixia económica, el hostigamiento de la Audiencia Nacional y la sensación de derrota que una vez comenzada la etapa constitucional condujo a la extinción de no pocos colectivos y organizaciones de izquierda que habían aflorado en Euskal Herria al albur de los años setenta. Al frente de la imprenta y colectivo Askatasuna estaba Mikel Orrantia, quien nos recibe en su caserío de Urdaibai para dejar testimonio de otro de los ataques a la libertad de prensa que se han quedado fuera del relato oficial sobre lo que sucedió en el conflicto vasco desde las primeras elecciones libres tras la muerte de Francisco Franco.

¿Cómo nació el colectivo Askatasuna?

Hay que situarse en aquellos años tremendamente complejos. En Euskadi a mediados de los sesenta tuvo un gran auge el activismo de ETA. La militancia en esa organización pasó a ser muy importante. Y también hubo caídas. Sabíamos que militando activamente no durabas más de dos años en la calle. Yo creo que conseguí durar alguno más, pero la realidad era esa. Dos años y te detenían. Por tanto el exilio se había llenado de vascos que habían huido de la represión policial. Y las cárceles estaban también llenas. En algún sitio leí que por la ETA de los sesenta y setenta habían pasado varis decenas de miles de personas. Hasta treinta mil personas si no recuerdo mal.

¿Qué tipo de militancias eran aquellas?

No era una actividad de las veinticuatro horas del día los trescientos sesenta y cinco días del año. Hacías una pintada, tirabas octavillas y otros ponían una bomba aunque en un año pasaban pocas veces ese tipo de acciones. La mayor parte del tiempo uno estaba huyendo de la policía. Tratando de organizar algo, formarte y aprender cosas.

Así que al final te exiliaste…

Sí, como consecuencia de mi militancia en ETA tuve que salir al exilio. Salí muy reñido con la dirección de 1969-1970, que estaba en manos de ETA VI. Los que serían luego trotskistas se habían hecho con la dirección. A mi no me caía bien aquello. Yo era libertario, así que total, tuve que irme fuera con mi compañera. A Bruselas, en Bélgica. Como éramos de familias obreras y nadie nos podía mantener tuvimos que ponernos a trabajar. Allí conocimos a gente y entre esta gente había muchos libertarios con lo que simpatizamos. Mis inquietudes políticas fueron encontrado un camino de respuesta a las preguntas que me hacía sobre cómo organizarse y el concepto de libertad solidaria, una idea que me ha gustado siempre.

Es decir que Askatasuna nace en Bélgica y de varios antiguos activistas de ETA...

Digamos que en Bruselas nos juntamos militantes de ETA con libertarios españoles exiliados y algunos restos del mayo del 68 francés y mucho italiano, e iniciamos un colectivo al que llamamos “la base”, orientado a hacer política junto con la inmigración española que entonces eran varias decenas de miles. Creo que unos 30 ó 40 mil españoles vivían en Bruselas, aquellos años en los que el PCE tenía la mayor presencia aunque habían sufrido muchas escisiones, maoístas sobre todo. También había líneas de marxistas-leninistas que detestaban a Carrillo. Aquello estaba todo en un momento de efervescencia que dio lugar a la formación de distintos colectivos. Algunos de ETA se arrimaron a una tendencia llamada Saioak, otra era lo puramente libertario y se llamaban Gatazka. Y otros creamos Askatasuna.

Y allí mismo surge la relación con el trabajo editorial y la fundación de un medio escrito, ¿correcto?

Sí, hicimos un periódico durante un año que circuló muy bien y nos animó a seguir con lo propio, que era la cuestión de Euskal Herria desde un enfoque libertario. Queríamos la nacionalidad desde una perspectiva que no fuese ni marxista ni nacionalista. Creíamos que el capitalismo industrial desaparecía a manos de un capitalismo tecnocrático que era mas globalista, y aupaba a clases medias de nuevo tipo que no representaba al capital tradicional. Y aquello reconfiguraba el mundo y nuestra sociedad, así que había que crear un enfoque nuevo contra la dictadura, el capitalismo y el modelo que se daba en el Estado español.

¿Qué año era ese?

Fue a partir de 1971, y se inició formalmente utilizando una multicopista en la que editamos el primero ejemplar. De 1971 a 1976 el colectivo Askatasuna y la revista viven en Bruselas. Muy ligados al estudio y la Universidad Libre de la ciudad.

Colectivo y revista fueron siempre a la par de principio a fin, ¿cierto?

Sí, todo era en torno a la revista aunque la gente del colectivo va cambiando porque los debates hacen que la gente cambie. Eran análisis atrevidos, punteros, rompedores, y en eso había gente que se quedaba descabalgada aunque también animaba a otros a entrar. Yo y mi compañera éramos del núcleo duro que persistía con unos seis u ocho ex militantes de ETA, alguno de Juventudes Libertarias Ibéricas y gente como Salvador Gurucharri. En total ex etarras de Askatasuna en Bruselas seríamos como catorce o dieciséis máximo. También tuvimos apoyos externos de gente nacionalista y revolucionaria. Otros ex militantes de ETA que andaba sueltos por ahí y apoyaban económicamente la revista. O libertarios españoles amigos. Así la revista gana en dimensión, capacidad. En la ciudad se nos conocía e intentamos crear la federación anarquista belga como un colectivo anarquista más, es decir, que vivíamos en Bélgica y también teníamos que colaborar con lo local y adaptarnos a lo que se vivía y se necesitaba en Bélgica también.

¿Y cómo os veía ETA?

Fue una reacción curiosa porque al principio estábamos un poco proscritos pero luego nuestra participación en alguna actividades y sobre todo, algunas acciones de defensa de los presos políticos vascos y huelgas de hambre, nos dio una relevancia como de tener dos pelotas, y eso del valor para ETA era muy importante. Así que se acercaron a nosotros. Hubo propuestas de volver a ellos pero las rechazamos. Yo dejé de ser nacionalista pero seguí siendo independentista. Esto es, reivindicar un Estado nacional vasco, que pudiera ser una representación de la Euskal Herria actual pero basado en una confederación de comunas, es decir un estado no autoritario.

¿Y los anarquistas del exilio cómo os veían?

Para los franceses ser francés o español era consustancial. Su planteamiento era que eso es lo que hay y lo que se es. No entendían que los vascos quisiéramos una confederación en la que los vascos tuviéramos soberanía como para pactar por nuestra cuenta con terceros países sin tener que pasar por la FAI de España o por lo que sustituyese a esa. Sin embargo, nosotros fuimos reconstructores de la CNT no solo en Euskadi sino en todo el norte de España. Jugamos un papel muy importante en el 76 y 77. Pero en el 78 la CNT oficial, digamos, nos cogió miedo a los que veníamos de una cultura marxista, ETA o la autonomía obrera, y empezó a hacer limpieza interna, y los primeros en caer fuimos los de Askatasuna, en una jugada interna muy fea que creó un congreso ad hoc en Gasteiz. También habría que recordar que por entonces en Askatasuna había mucho cansancio y desgaste por debates con anarquistas de España que no iban a ninguna parte, así como con la CNT. Y eso nos llevó a romper.

¿Cómo era la militancia dentro de Askatasuna?

Por ejemplo, yo era de una asociación de padres de la escuela pública donde iban mis hijos y también del sindicato de la construcción por ser delineante. O sea mi militancia era ahí. Askatasuna era otra cosa. Un espacio para debatir con los compañeros del colectivo, aprender y llevar estos aprendizajes de vuelta al lugar de trabajo. La CNT jamás comprendió esto. Creía que era doble militancia y nos acuso de marxistas y nacionalistas.

¿No era contradictorio ayudar a lanzar la CNT en el Estado español cuando buscabais una Euskal Herria fuera del marco español?

Yo creo que fue un error participar en reactivar la CNT en el Estado español en lugar de una federación de libertarios en Euskadi. Con aquello, metimos toda la carne en el asador y nos quemamos.

¿Y cómo fue vuestra implementación como colectivo, librería, editorial e imprenta en Bilbao?

En 1978 salimos con la expulsión en la mochila y otros simplemente se fueron. Así que relanzamos la revista en Bilbao. Pero el colectivo se debilitó mucho. Con mucho quiero decir que quedamos como cuatro o cinco. La gente iba saliendo de la vida entregada a la militancia porque había que trabajar para criar a los hijos y llevar el pan a casa. Así que cuando volvimos a Euskal Herria en junio del 76 la acogida fue muy buena. Conocían la revista y se creó un núcleo nuevo de mujeres y hombres muy activos que relanzó el colectivo mediante la imprenta que nos volarían después. Entonces tratamos de reorganizar la autonomía obrera pero fracasamos. Existía el sentimiento de derrota, como de no haber sabido ganar. La gente seguía siendo amiga, se pasaba a ayudar de vez en cuando, pero ese puño cerrado de antes ya no existía y la gente se volcaba en sus respectivas vidas y trabajos. Y eso pasó en todas las organizaciones de extrema izquierda; de hecho la mayoría desaparecieron. Aún así editamos muchos materiales para sindicatos e izquierdas del Área Metropolitana Bilbao. Y ya entonces fue cuando nos amenazaron los Guerrilleros de Cristo Rey.

Primera amenaza del grupo parapolicial Guerrilleros de Cristo Rey en 1978 en el local del colectivo Askatasuna. 

¿Cómo os llego esa amenaza?

Fue con una pintada en el escaparate de nuestra imprenta en la calle Bertendona número 2, en pleno centro de Bilbao. Justo enfrente de donde está ahora el Teatro Campos. Por aquel local pasaba una barbaridad de gente. Hubo mucha fraternidad, fue muy bonito. Y todo pivotando alrededor de una imprenta que además nos daba de comer, y nos permitía estudiar y escribir. Yo mismo saqué dos libros gracias a poderme liberar para trabajar en ellos.

Y no os dejasteis intimidar…

Plantamos cara a la amenaza y seguimos. Éramos jóvenes y un poco descabellados, y el clima era duro. No tomamos medidas de protección suficientes, como poner una buena persiana metálica y estábamos muy abiertos a la calle.

En Internet apenas hay información sobre estos hechos y ni una sola fotografía de los efectos del atentado, ¿cómo se produjo?

La noche del 23 al 24 de agosto un grupo de guerrilleros de Cristo Rey que habían estudiado en un colegio de Portugalete y eran hijos de la dictadura nos atacaron el local. Sabíamos hasta quienes eran. Les denunciamos y hubo juicio, pero como aún no habían cumplido los dieciocho años les declararon no responsables de sus actos. Ni a sus padres. En fin, una farsa de juicio. Nosotros lo perdimos todo. Nuestro medio de vida con la imprenta. Los ahorros que allí habíamos invertido y estábamos pagando con letras… Millones de pesetas de la época. Así que con lo de la CNT y este ataque, la puñalada fue definitiva.

¿Cuál era el perfil de los Guerrilleros de Cristo Rey?

Yo creo que eran grupos que se creaban y desparecían al albur de un falangismo y franquismo que los manejaban. En Euskadi cogían estacas e iban de cacería a por abertzales. Eran gente de familias del régimen, o salidos de gimnasios. El perfil de fascista sigue siendo muy parecido al de ahora. Algunos hijos de papá y gente del hampa.

Y después de aquel atentado el Estado os atacó desde más ángulos. ¿Cómo se produjo el secuestro del número que lanzasteis después de perder toda la redacción y maquinaria de imprenta?

Sí, fue el número cero de la segunda época, año 1979. Dicha revista fue secuestrada por orden gubernativa. Era el primer número que editábamos tras el atentado que aniquiló nuestra imprenta y redacción en Bilbao. Consiguieron darnos otra buena patada en los ovarios al impedir la distribución y venta de la edición.

El atentado se produjo en los días de la primera edición de la Aste Nagusia bilbaína, unas fiestas bien conocidas por su carácter popular y cercanía a los movimientos sociales de la ciudad. ¿Es cierto que pusisteis un cartel diciendo que la fiesta debía continuar y se organizó una comida popular frente al escaparate arrasado de vuestra editorial?

Sí, y pusimos a pie de calle los restos del incendio que arrasó nuestra imprenta, librería y redacción. Las cuadrillas en la bajada de la Plaza de Toros al Arenal desviaron su trayecto para rendir homenaje a Askatasuna delante de su sede aún humeante. Fue muy emotivo. Pusimos ese cartel como diciendo, nos habéis quemado pero seguimos, aunque sí nos había herido de muerte. De muerte lenta, pero mortal. Luego editamos en el diario Egin un extra de Askatasuna en formato periódico. Fueron 20.000 ejemplares que la gente devoró, pero ya habíamos perdido millones invertidos sin seguro. ¿Qué anarquista aseguraba una empresa colectiva? Así que nos pusimos a limpiar y rehabilitar el local. Venía mucha gente a ayudarnos. Fue emotivo. Duró semanas, pero se fue apagando según nos movimos a otro lugar y nació la segunda etapa…

¿Y cómo se produjo el fin definitivo de Askatasuna?

Conseguimos poner en marcha de nuevo la revista y llegar hasta agosto de 1980 pero a partir de ahí ya no pudimos seguir. El colectivo lo autoliquidamos. Hubo, como de costumbre algún debate feo y quedó sólo el equipo de redacción hasta el último número de 1980, que lo distribuimos y ni lo cobramos. Yo con tres hijos y hasta mi compañera militando en Askatasuna, imagínate. La ultima deuda fue la de DEIA, que se portaron muy bien con nosotros y nos la perdonaron. Fue un gesto que nunca olvidaré.